Someter al cuerpo a variaciones de temperatura puede ayudar a controlar la diabetes y la obesidad

Conforme crece la tasa de obesidad en el mundo industrializado los investigadores afinan sus estrategias de análisis, intentando dar con las causas de esta enfermedad. Ha sido así como han identificado la relación entre el sobrepeso y la temperatura. Hasta le han dado nombre y se le conoce como sedentarismo térmico.

¿Y qué quiere decir? Pues muy fácil, el cuerpo humano posee mecanismos que se activan cuando baja la temperatura exterior y permiten la quema de la llamada grasa parda o marrón. Este tejido adiposo, que también se ha identificado en las ratas, tiene la capacidad de quemar energía para elevar la temperatura del cuerpo. Si ese proceso no se activa, el azúcar y la grasa se almacenan en forma de grasa blanca –la que se incrementa en los pacientes obesos.

La grasa parda se concentra en determinadas áreas, como las arterias carótida y mamaria, el corazón, los pulmones, el pancreas, el riñón y el bazo. Los hallazgos sugieren que cuando se activa la grasa marrón por las bajas temperaturas, podría elevarse el metabolismo, lo cual contribuye a la pérdida de peso  y el control de la glicemia. Eso sí, aclaran, esta elevación natural de la temperatura, no es suficiente como para prescindir del abrigo y la calefacción.

Pero el holandés Wouter van Marken Lichtenbelt va incluso más allá, pues de acuerdo a sus investigaciones, no sólo es necesario bajarle unos grados al termostato, sino que la clave estaría en la variación de la temperatura.

Una vez más habrá que explicarlo atendiendo al funcionamiento del cuerpo humano.  Nuestro metabolismo experimenta cambios como resultado de las alteraciones de temperatura del ambiente. Esto se conoce con el nombre de termoregulación. Pero si las personas se mantienen en una zona neutral térmica, el organismo no se ve forzado a efectuar un gasto energético para mantener la temperatura corporal.

Todo esto puede parecer poco concreto o producto de una campaña de racionamiento del consumo energético. Si necesitas datos para convencerte, tendremos que acudir a los números que arrojó un estudio realizado en la Universidad de Ottawa. Al parecer, cuando el cuerpo se expone a temperaturas de 18ºC consume unas 500 calorías por hora, mientras que en un ambiente caldeado, este gastos se reduce a 100 calorías/hora.

Esa ligera incomodidad tiene beneficios a largo plazo y, además, son acumulables. Se ha demostrado que tras pasar dos horas al día a 17ºC, en apenas seis semanas se constata una reducción importante de la grasa corporal. Y para los más tenaces, soportar durante diez días una temperatura de 15ºC, por seis horas, estimula la producción de grasa parda.

No es nuestra intención ponerte a pasar frío, pero sí demostrarte que controlar la calefacción es beneficioso, no sólo para tu bolsillo, sino para tu salud. Si aún no estás dispuesto a renunciar al confort de una habitación climatizada, te proponemos algunas medidas que te permitirán lograr un equilibrio:

  1. La temperatura de tu hogar no debería superar los 20ºC, así que ajusta el termostato y regula el encendido de la calefacción de acuerdo a los horarios que mejor se adapten a tu rutina.
  2. Cierra los radiadores de las habitaciones que no estén en uso, como por ejemplo, los trasteros.
  3. Si notas que el ambiente está muy caldeado, apaga la estufa durante un rato.
  1. No obstruyas la salida de calor del equipo, evita colocar muebles delante del radiador u objetos encima de él.
  2. Prepárate para el invierno y realiza una revisión y mantenimiento de calderas y sistema de calefacción antes de que comience el frío. Los radiadores, por ejemplo, suelen llenarse de aire, por lo que se recomienda purgarlos una vez al año.

Ejercitar la capacidad de regulación interna de la temperatura puede ser menos agotador que una caminata, y a la larga, también te ayudará a mantener el peso bajo control.

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